El cambio de banquillo en Túnez no es un detalle menor. Hervé Renard hereda una defensa que ha encajado diez goles en dos partidos y su primer mensaje ha sido claro: levantar la cabeza y no repetir el hundimiento. Eso se traduce en un bloque compacto, cuatro atrás y prioridad absoluta a no conceder transiciones fáciles.
Japón, por su parte, pierde la pieza que más desequilibrio generaba en los últimos metros. Sin Kubo el juego se vuelve más predecible: más centros desde la banda y menos combinaciones entre líneas. Mitoma y Minamino tampoco están, así que el equipo nipón ya no cuenta con los mismos recursos para romper un bloque bajo en poco tiempo.
Las ausencias japonesas cambian el guion
Endo también falta y eso resta control en el mediocampo. Sin él, el ritmo de posesión japonés pierde solidez y el equipo se expone más a contragolpes. Túnez, con Skhiri y Khedira protegiendo la zona central, tiene herramientas para complicar la circulación.
El partido se juega en Monterrey a las cuatro de la madrugada UTC. El calor y la humedad no invitan a un ritmo vertiginoso, y ambos entrenadores saben que un error grande puede costar la vida en el grupo. Japón necesita los puntos, pero no puede permitirse abrirse tanto como para dejar huecos.
Túnez prioriza la supervivencia
Después de dos goleadas consecutivas, el planteamiento tunecino será conservador por necesidad. Renard no va a proponer un partido abierto; su prioridad es que el equipo no se desmonte otra vez. Eso reduce drásticamente las ocasiones claras para ambos.
Japón tiene más calidad, pero la calidad sin los jugadores que la expresan se queda en intención. El mercado sigue valorando al equipo asiático como si tuviera a todos sus creadores disponibles y como si Túnez fuera a salir a jugar al fútbol. Ninguna de las dos cosas es cierta esta noche.
Apuesta y veredicto: Menos de 2,5 a 1.803 — Japón carece de los recursos habituales para romper un bloque bajo y Túnez llega obligado a defender con orden tras el cambio de entrenador.



